“La educación debería considerarse un viaje de descubrimiento. Debería estimular las llamas de la imaginación y encender el fuego de la curiosidad.”
Richard Gerver (93)
Semana Cultural de las Artes Plásticas. Marzo 2014
Hola Amig@s, este año hemos celebrado el año cultural de las Artes Plásticas. Hemos realizado muchas actividades a nivel de clase y de centro y os las iré mostrando poco a poco en este post.
En primer lugar agradecer a todas las familias la colaboración prestada y sobre todo a los dueños de los cuadros con los que hemos podido realizar nuestra exposición de arte.
Trabajos y decorados realizados por los alumnos de Educación Infantil
Decorados y trabajos realizados por los alumnos de primer ciclo
Reproducciones de la habitación de Van Gogh en Arlés
Reproducciones de La noche estrellada
Autorretratos realizados por los alumnos. Van Gogh se dedicaba también a realizar autorretratos.
Biografía de Vincent Van Gogh
Exposición de Arte en la Biblioteca del centro
Calendario realizado por los alumnos de primero
Decorados y trabajos realizados por los alumnos del tercer ciclo
Visita al centro del escultor Jorge García Aznar
Escultura es el arte de modelar, tallar o esculpir en barro, piedra, madera u otro material. Es una de las Bellas Artes en la cual el artista se expresa mediante volúmenes y espacios. La escultura es el arte plástico propiamente dicho pues es el arte de modelar figuras y reproducir objetos de bulto.
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Nos explicó como hizo "El marinero de reemplazo" que presentó a concurso y fue elegido para ser realizado en grande y colocarlo en el puerto de Cartagena.
Monumento al marinero de reemplazo situado frente al Palacio Consistorial
Taller de arcilla
Alumnos de 4 años
Seguimos con la decoración de los pasillos
Taller de arcilla realizado por el profe de artística, Juan, con los alumnos de todos los cursos de primaria.
Calendarios de primero
Pintura de piedras de los alumnos de segundo
Miró por los alumnos de 3º y 4º
El collage con las letras de artes plásticas en el Beethoven fue realizado por los alumnos de primaria a cargo de Juan, el profesor de plástica.
Decoración realizada por los alumnos de 3º y 4º
Nuestra urna de joyas por los alumnos de 4º
Trabajos del segundo ciclo
Taller sorpresa de Juan, nuestro profe de música.
Cuando los alumnos entraron en el aula recibieron un papel de reciclaje, un folio en blanco, unas ceras de colores y un antifaz.
Se sentaron todos en el suelo, ocupando todo el espacio y se les explicó lo que iban a realizar. La actividad consistía en esconder las ceras blandas bajo el folio para reciclar y poner debajo el folio donde íbamos a hacer la impresión. Los alumnos se colocarían los antifaces de modo que no pudieran ver nada y se dejarían llevar durante el tiempo que durara una melodía. Al mover sus manos sobre el papel estarían dibujando encima del papel en blanco.
Cuando la música termina, se le pide a los alumnos que se quiten los antifaces y que levanten el primer folio para ver qué es lo que ha salido de su actuación.
Los alumnos se miran los unos a los otros para ver qué han hecho los demás. Se les pide ahora que con los ojos libre del antifaz intenten terminar el dibujo dándole el sentido que quieran. Cada uno imagina qué puede ser su dibujo y lo completa.
Ahora viene una de las partes más creativas, tendrán que dar un título a los dibujos que han realizado, y no os podéis imaginar la de nombres originales que salieron de allí.
Para finalizar pusieron todos los dibujos en el suelo, en el orden que quisieron y formaron un gran mosaico con todos ellos.
Tengo que decir que me gustó especialmente esta actividad porque los niños desarrollaron la imaginación, se dejaron llevar por el sentido del oído ( música) y por el del tacto, suprimiendo la vista, y porque las emociones que iban sintiendo fueron muy interesantes. No se podían creer las cosas que les estábamos pidiendo. ¿Que dibujemos con los ojos cerrados? ¿ qué le demos un título a esto? Fue muy enriquecedor para todos ellos.
Trabajos a boli de nuestros alumnos de 5º y 6º
Taller en el aula abierta. Técnicas plásticas.
Los alumnos salieron de clase con una entrada en la mano. Era necesario tener una para poder entrar a realizar las actividades que nos tenían preparadas. ¿Tenemos todos las entradas?
Cuando bajamos Lolo, alumno del aula abierta estaba en la puerta y controló todas y cada una de las entradas sellándolas para que no se pudieran utilizar dos veces. La cosa parece seria, como en la vida real.
Cuando entramos en el aula Lolo y Ángel nos saludaron en LSE, y nos explicaron las actividades que íbamos a realizar.
Nuestra primera actividad era hacer un cuadro con la técnica de Jackson Pollock. Para ello nos la explicaron en la pizarra digital.
¡Manos a la obra!
En vez de usar un lienzo tan grande como los que usaba Pollock nos vimos obligados, por la crisis, jajaja, a uno más modesto.
Ahora pasamos a la técnica de las ceras calientes
Si proyectamos calor sobre las ceras con un secador se van derritiendo poco a poco y según la intención que tengamos daremos más o menos calor a unas o a otras. Veamos cómo lo hicieron nuestros alumnos.
Y aquí están nuestras dos obras realizadas con dos técnicas distintas.
Al final hicimos lo mismo que Jackson Pollock pero en la pizarra digital.
El concurso de dibujo de la II Semana Cultural ha contado con una gran participación. Nuestros alumnos demuestran muchas ganas de participar en las actividades y una gran creatividad.
En cada clase ha habido un dibujo seleccionado como finalista y de estos dibujos han salido los dos ganadores, en las categorías de Cartel de la II Semana Cultural y Logo de la II Semana Cultural.
Las alumnas ganadoras han sido:
Cartel de la II Semana Cultural: María Meseguer Martínez (6ºB)
Logo de la I Semana Cultural: Blanca Molina Candel (5ºB)
Gincana - Piedra Rosetta
Gracias a la Piedra Rosetta, los alumnos del cole han podido descifrar el mensaje oculto y crear su propio nombre con signos jeroglíficos.
Mariana Morales Lobo El patio de la escuela es el lugar donde se produce el aprendizaje del uso del espacio público y de las relaciones sociales. Nos asaltan algunas preguntas y reflexiones sobre qué están aprendiendo realmente los niños y niñas en ese lugar y cómo podemos convertirlo en una oportunidad para el aprendizaje de los valores de nuestra sociedad democrática.
Algunas preguntas en torno al patio de la escuela
Por motivo de un traslado, hace cuatro años mi marido y yo fuimos a visitar algunos colegios de Madrid para escolarizar a nuestros hijos. En una de estas visitas nos acompañó nuestro hijo de 6 años. El director nos enseñó las instalaciones: piscina, aulas luminosas y coloridas, amplia biblioteca…y un patio grande y gris para jugar al fútbol. Al salir, nuestro hijo nos pidió que el patio del nuevo colegio fuese “no solo de fútbol”, lo cual nos complicó (aún más) la difícil decisión de elegir un colegio. Este comentario, del que seguramente él ya ni se acuerda, me rondaba la cabeza cada vez que iba al nuevo colegio y, a través del AMPA, decidimos impulsar un proceso de reflexión y renovación de este espacio.
Al comienzo del proyecto, hicimos una búsqueda por internet utilizando los términos “patio colegio/escuela”. Encontramos un universo de imágenes de patios a base de cemento, canastas de baloncesto y porterías de fútbol, encajonadas entre edificios de varias plantas. Al cambiar el idioma y teclear “school playground”, la pantalla de repente pasó del paisaje gris al color: aparecieron imágenes de patios llenos de elementos de juego como toboganes, parques infantiles y también árboles, arbustos, tierra y césped. Esta traducción tan fascinante suscitó una serie de preguntas para nuestro patio escolar:
¿Cuántas horas pasan los estudiantes en el patio?
¿Qué valores aprenden los níños y adolescentes en este espacio?
¿Qué oportunidades de juego, deporte y aprendizaje brinda el patio?
¿Cómo podemos mejorarlo?
El patio es la materia con más horas
En la mayoría de los centros escolares los alumnos tienen un recreo de media hora diaria, al que hay que sumar dos o tres horas de Educación Física semanales (según el curso), que se realizan esencialmente en el patio. En aquellos centros en los que los alumnos emplean mayoritariamente el servicio de comedor a mediodía, debemos sumar una hora diaria más (en algunos casos alcanza la hora y media).
El resultado es que los alumnos de Primaria pasan entre 5 y 10 horas a la semana de media en el patio del colegio. De este tiempo, entendemos que el correspondiente a la materia de Educación Física es tiempo estructurado por un adulto, lo que deja 7 horas y media de actividad libre en el patio en los centros con jornada partida.
Al comparar este tiempo con las materias curriculares, comprobamos que el patio gana ampliamente a todas en dedicación semanal. Parece pues importante detenerse a pensar qué están aprendiendo los alumnos en el patio del colegio.
Los valores del patio como espacio público
Resulta interesante en este sentido el estudio difundido por la Fundación Bofill sobre los patios escolares en Barcelona en el año 2010 y dirigido por Imma Marín: Els patis de les escoles: espais d’oportunitats educatives. En él se descubre que las intervenciones en el patio escolar son mínimas, tanto en lo que se refiere a sus infraestructuras como a la organización de juegos dirigidos. A pesar de ello, los niños y niñas se las apañan para jugar mayoritariamente, si bien también aparecen elementos de discriminación por género y por origen socio-cultural.
Cuando en un lugar común (el patio) la mayor parte del espacio se dedica a una sola actividad, se transmite el mensaje de la relevancia social de dicha actividad. En la mayoría de centros educativos esta actividad es el fútbol, practicada mayoritariamente por los alumnos varones y dominada por aquellos de más edad o más fuertes. Casi la totalidad de alumnas y una parte de los alumnos aprenden a ceder el lugar central del espacio público y a convertirse con el paso de los años en espectadores del juego que protagonizan sus compañeros. Los demás juegos quedna relegados a un segundo plano, tornándose invisible al resto.
Desde la visión de los adultos de la comunidad educativa, el patio es un lugar en el que debe primar la seguridad. En algunos centros se enfatiza el papel del deporte, lo cual es atractivo para muchos alumnos, pero relega los intereses de quienes prefieren un juego más tranquilo o menos competitivo.
Aunque no se intervenga en absoluto, en el patio escolar existe un currículum oculto desde el que se están transmitiendo unos valores. El patio es el espacio común del centro escolar, el lugar de esparcimiento donde se producen la mayoría de relaciones informales. En él se reproducen los roles y los valores del espacio público.
En este sentido, no hacer nada es hacer algo: las cosas continuarán como estaban y se mantendrá el statu quo. Ahora bien, ¿es realmente eso lo que queremos? ¿cómo podemos hacer del patio escolar un lugar en el que se transmitan los valores que, como sociedad democrática, creemos más adecuados?
Juegos, deportes y currículum
El patio escolar como infraestructura en España se rige por una normativa que establece las dimensiones mínimas del espacio dedicado a canchas deportivas y establece la separación del espacio dedicado a los niveles pre-obligatorios. A partir de aquí, se puede soñar un espacio de deporte variado y adaptado a las diferentes edades y cuya práctica no suponga un riesgo para los demás niños y niñas (mediante la separación con una valla protectora para que los usuarios de los espacios colindantes no reciban balonazos, por ejemplo). Diversificar la infraestructura deportiva es un asunto clave a la hora de repensar un patio: se deben ofrecer alternativas a las diferentes edades. En este sentido, la colocación de elementos que faciliten la psicomotricidad es una actuación deseable en cualquier patio de Primaria, del mismo modo que en los parques públicos se instalan parques de juegos para se diferentes franjas de edad: juegos de trepar, deslizarse, equilibrios, etc. Instalar otros elementos deportivos como mesas de ping pong o juegos de escalada y equilibrio son opciones interesantes (y económicas) para ofrecer variedad y facilitar actividades en las que se integren niños y niñas.
Como lugar para el juego, el patio debe contemplar entre sus instalaciones espacios concretos para desarrollar diferentes tipos de juego: desde el juego tradicional de suelo como la rayuela, la diana, el circuito, el enredos, etc. hasta el juego de mesa tranquilo, para el que se necesita una mesa, asientos y una colección de juegos que se puedan sacar al aire libre. Estos espacios deben estar resguardados y contar con algo de sombra en los meses cálidos. La presencia de plantas y árboles es muy deseable también en un patio escolar, pues permite a los niños estar en contacto directo con la naturaleza, además de posibilitar nuevos juegos.
Finalmente, el patio debería pensarse desde el centro escolar como un espacio educativo más, privilegiado por tratarse de un lugar al aire libre. El currículum escolar debería abrirse a la posibilidad de contar con este espacio para su desarrollo. Ya se hace en la Educación Física, pero podría utilizarse para tantas otras áreas: la artística, las ciencias naturales, las matemáticas, la lengua, etc.
El diseño de las infraestructuras condiciona el uso que se va a hacer de las mismas. Es necesario repensar los patios escolares desde las tres dimensiones: deportiva, lúdica y curricular. Una remodelación de un patio no implica necesariamente grandes inversiones y puede ser una buena oportunidad para desencadenar procesos de empoderamiento y estrechar lazos entre la comunidad escolar, cuando se involucra a los usuarios en los procesos de diseño, financiación y construcción, tal como se muestra en los siguientes casos.
Casos de intervenciones en patios escolares:
En el plano institucional, el Ayuntamiento de Boston realizó una renovación de 88 patios escolares del municipio en el año 2013. En su página pueden verse vídeos sobre el proceso, así como sobre experiencias de aprendizaje en el patio escolar.
Como intervenciones locales resultan inspiradoras las del Colegio Ágora (Madrid) y del Colegio Público Santo Domingo (Algete, Madrid), ambas impulsadas desde las AMPA y con una fuerte componente participativa y de empoderamiento local.
Desde un enfoque curricular, recomendamos el proyecto que el colectivo BASURAMA realizó en el curso 2014-2015 en el Colegio IDEO (Las Tablas, Madrid).
También son de gran interés las actuaciones que se recogen en el blog El pati que volem desde el punto de vista de la participación de la comunitat educativa impulsada por el profesorado.
Para trabajar en red, hay un grupo de trabajo en línea en la plataforma meet up denominado Patios escolares (Madrid).
Mariana Morales Lobo
Consultora y formadora en el ámbito educativo .
Colaboradora de la Plataforma Internacional Práctica Reflexiva
Presidenta del AMPA del CEIPS Santo Domingo (Algete, Madrid) es.linkedin.com/in/marianamoraleslobo
Niños en una zona infantil de Shoeburyness (Inglaterra) y Mondragón (País Vasco).Frente a la versión moderna con columpio, tobogán y suelo a prueba de golpes, ahora triunfan otros parques que llevan el juego a un solar con barro, chatarra, ladrillos y botellas de cristal para 'espabilar' a los chavales. ¿Cuál es mejor para su educación?
Una ballena jorobada en San Francisco. Un cohete espacial en Moscú. Una jaula laberíntica en Gotemburgo (Suecia). Un robot gigante en Wuxi (China). Y también un castillo de cristal, una cabeza de payaso, un águila en pleno vuelo... Monstrum es el fabricante de los parques infantiles más originales del mundo. Exporta desde Dinamarca y sus instalaciones parecen la recreación de un cuento en plena calle, algo así como mini parques temáticos que quedan a la vuelta de la esquina, no cierran nunca y además son gratis. Por eso en cualquier ciudad se convierten en una invitación prácticamente irrechazable para los más pequeños... e incluso para los mayores.0«Una buena zona de juego es la que tiene los elementos habituales: columpios, toboganes, areneros...», explica Ole Barslund Nielsen, CEO y director creativo de Monstrum. «Pero una zona de juegos genial es la que atrae a niños y adultos desde lejos y les anima a interactuar. Cuando un niño ve un tobogán, siente cosquillas en el estómago; cuando ve un submarino, su imaginación se dispara».
Hace ahora justo 15 años que él y su socio Christian Jensen decidieron trasladar su experiencia como escenógrafos teatrales al diseño de parques infantiles. El primer encargo les llegó de forma accidental: la guardería del hijo de Barslund necesitaba reformar el patio y allí estaban ellos. Desde entonces, han fabricado en madera y acero más de 500 infraestructuras distintas para el uso y disfrute de niños de tres continentes. Entre las últimas, el dragón que en mayo voló a Mondragón (País Vasco) desde las afueras de Copenhague.
Que el gran referente en parques infantiles sea danés -igual que Lego, por cierto- no deja de tener su gracia. En 1935, el paisajista local Carl Theodor Sorensen fue el primero en darse cuenta de la fascinación de los niños por la construcción y del potencial pedagógico del bricolaje. Así, concibió un nuevo tipo de espacio -más tarde denominado adventure playground- basado únicamente en la disponibilidad de superficie y unos cuantos cachivaches, no en el diseño preciosista. Un planteamiento al que después de la Segunda Guerra Mundial se sumó el arquitecto suizo Alfred Trachsel, al advertir cómo la escombrera de la cuenca del Ruhr, en Alemania, se convertía en espacio lúdico cuando la ocupaban los críos harapientos y descalzos que habían sobrevivido al conflicto.
Chavales se entretienen en uno de los parques infantiles instalados por Monstrum en Dinamarca.
Siete décadas después, todo padre o madre se hace una pregunta parecida cada vez que llegan las vacaciones escolares y toca encargarse del recreo: ¿quiero que mi hijo suba y baje mil veces de ese columpio anclado al suelo antichichones, o sería mejor para él si le soltase un rato en un descampado lleno de chatarra, neumáticos usados, palés de madera, botellas de cristal e incluso, ups, alguna caca de perro?
El parque infantil surgió a principios del siglo XX como un lugar que servía de preparación para la vida en sociedad y el encuentro con el extraño. Habría que cuestionarse entonces qué sentido tiene para el desarrollo integral del menor un sitio que fomenta el entretenimiento... pero también la sobreprotección.
«Si construyes un área de juegos que es sólo bonita pero no jugable, has fracasado como diseñador», reconoce el máximo responsable de Monstrum. «También debe tener un elemento de riesgo. Escalar una pared no consiste en llegar a la cima, sino en sentir la emoción de subir. Fallar y caer puede ser bueno. De eso va crecer».
Frente a los mundos fantásticos creados por ordenador, impecablemente rematados y asépticamente aislados del entorno, Londres y otras ciudades británicas están apostando en los últimos años por todo lo contrario: parques infantiles entendidos casi como zonas de guerra. Porciones de terreno agreste y salpicadas de barro donde los troncos, las ramas nudosas y los arbustos con pinchos han sustituido a los balancines, donde la pala y el cubito no son bienvenidos -a diferencia de la sierra y el martillo- y donde, sí, no te asustes, está permitido encender fogatas.
Un grupo de niños juega con la arena en un área infantil de Shoeburyness (Reino Unido). La preocupación por la seguridad creando parques encorsetados para los niños y sin elementos naturales reduce el aprendizaje sobre sus propios límites
Hablamos de la búsqueda de la resiliencia a través del riesgo controlado, en palabras de los defensores de esta tendencia. Una fórmula que ha logrado algo impensable en Reino Unido: ser vista con buenos ojos tanto por los tabloides como por los periódicos progres. Los primeros, porque pega un sopapo a las tesis buenistas asociadas a la crianza; los segundos, porque representa la vuelta a una infancia más libre y en contacto directo con el medio natural.
Aunque tal vez no haga falta intelectualizar tanto el debate. Claire Griffiths, antigua cuidadora de chavales y madre de dos de ellos, ya lo sugirió cuando montó uno de estos campos de batalla frente a su casa en Wrexham (Gales): «Me encantó darle a los niños un espacio donde pudieran ser simplemente niños».
«¿Saben los chicos de hoy día saltar de una piedra a otra llena de musgo sin caerse a la primera?», lanza al aire la psicóloga y divulgadora Alicia Banderas. «La preocupación por la seguridad creando parques demasiado encorsetados para los movimientos de los niños, sin elementos naturales como plantas, arena... reduce su libertad y el aprendizaje sobre sus propios límites. Aniquila la posibilidad de evaluar el riesgo por sí solos. Nuestros hijos necesitan seguridad, pero también desarrollarse de manera saludable».
Para Banderas, autora de Niños sobreestimulados (Libros Cúpula), los beneficios del juego arriesgado -«que no peligroso»- difícilmente se pueden conseguir en un cuadradito de ciudad recubierto de caucho, sino en un contexto menos artificial. Más salvaje. «Actualmente se habla del trastorno por déficit de naturaleza, un concepto acuñado por el periodista y escritor estadounidense Richard Louv que explica por qué existe una disminución del uso de los sentidos, los problemas de atención y los altos porcentajes de enfermedades físicas y emocionales», señala.
«La existencia de elementos de la naturaleza es fundamental, dan muchísimo juego y nos permiten apreciar el paso de las estaciones o experimentar con texturas y materiales», coincide Almudena de Benito, madre y arquitecta urbanista. «Un niño que juega en la calle gana en autonomía, y esto es fundamental. Poco a poco va asumiendo riesgos que, aparte de favorecer el ejercicio físico y la relación con el propio cuerpo, le ayudan a ser cada vez más independiente y a relacionarse con otras personas. En una sociedad como la actual, cada vez con más tareas y horarios establecidos, el juego libre debería reivindicarse más».
De Benito también es la directora, desde que se creó en 2011, de Chiquitectos. Se trata de una plataforma educativa que quiere llegar con sus talleres donde el colegio no suele hacerlo: a la sensibilización sobre el entorno construido y el medio ambiente.
Para esta experta, las propuestas de Monstrum son interesantes, aunque quizás «excesivamente figurativas». «Creo que también es muy positivo plantear elementos abstractos para el juego, estructuras estéticamente cuidadas pero que no son nada concreto y que los niños puedan interpretar y dar usos diversos. El uso lúdico de estructuras no necesariamente representativas de elementos de la realidad favorece la imaginación y el juego simbólico. También se podían añadir elementos que funcionen con el viento y el agua», añade esta experta.
Australia, Canadá, Suecia y Noruega, casualmente todos con un apabullante patrimonio medioambiental, son otros países que se han posicionado contra la esterilización del juego y el entretenimiento de diseño. Pero el mensaje también va calando en el sur de Europa y en América Latina.
El psicopedagogo italiano Francesco Tonucci es una de las voces internacionales más críticas con la sobreprotección infantil. A través de Frato, su alter ego viñetista, ofrece su visión educativa, en la que no hay tiempo para los deberes y sí para explorar el barrio.
En 1991convenció al ayuntamiento de Fano, su ciudad natal, para poner en marcha un programa piloto para que los niños fueran solos al colegio. Lo llamó Camino seguro y fue un éxito, hasta el punto de que se aplica en ciudades como Buenos Aires.
Como partidario de la autonomía de los pequeños, y como padre, Tonucci está en contra de los parques infantiles estándar. «Me parece difícil de creer que columpiarse o tirarse por un tobogán represente una aventura y despierte actitudes creativas», subraya el autor de Manual de guerrilla urbana (Ed. Graó). «Mi rechazo a estas áreas se debe al hecho de que ofrecen juegos que los niños simplemente deben usar, consumir. Generalmente, los niños asisten a las mismas zonas todos los días porque están cerca de su casa. Y este ritual se lleva a cabo en presencia y bajo el control de los adultos. El juego, en cambio, debería ser una invención que se adapte de vez en cuando a los deseos de los compañeros involucrados y al lugar elegido para jugar. El verbo jugar no se puede asociar al verbo acompañar, sino sólo al verbo dejar».
Hace dos meses se publicó Mi primer dispositivo, un informe elaborado por la firma de software Symantec. Recogió el testimonio de más de 7.000 padres de Europa y Oriente Próximo con hijos de entre cinco y 16 años. Reveló que los niños españoles pasan de media dos horas y 14 minutos al día jugando con el móvil. A jugar al aire libre dedican una hora y 51 minutos, casi 30 menos que los alemanes.
"Cualquier persona que haya estado enferma durante un tiempo sabe que volver a hacer cosas aparentemente corrientes pero que sólo pueden hacerse cuando se está sano, hace que se aprecien de una forma diferente". Mario Alonso Puig es médico, conferenciante y escritor. También patrono de Honor de la Fundación Juegaterapia, una plataforma que nació en 2010 para apoyar, a través del juego, a niños que reciben quimioterapia en el hospital. Puig, por tanto, sabe mejor que nadie lo que supone para esos pequeños poder disfrutar de un tobogán o un columpio en circunstancias tan excepcionales.
"Estar al aire libre, salirse de esas paredes del hospital entre las cuales un niño enfermo se siente confinado, es brindarle la oportunidad de volver a encontrarse, aunque sea parcialmente, con un recuerdo vivo de lo que es la salud. No cabe duda de que esto puede ser un estímulo para que el niño tenga aún un mayor deseo de recuperarse y poder así volver a llevar una vida normal", señala.
Juegaterapia se ha propuesto convertir las azoteas de los centros hospitalarios, espacios grises e inutilizados, en áreas de juego. Después de construir un Jardín en la azotea del Hospital La Paz de Madrid y otro en el Hospital 12 de Octubre, también en la capital, ha iniciado las obras de acondicionamiento en La Fe de Valencia y acaba de plantar la primera semilla en el Gregorio Marañón.